Al final de todos los juegos… volvemos a jugar, todos lo hacemos. Nos pusieron en esta vida para cumplir alguna misión y muchos se creen que son deseos o metas. A veces respiramos para no morir y otras tantas respiramos para vivir, ¿desde cuándo me puse a pensar en esa brecha que separa la vida de la muerte? Estamos a cinco minutos del destino y todavía no lo conocemos. Cuando apago todas las luces, miro la oscuridad antes de cerrar los ojos y pienso que soy, donde estoy.
Al final del juego… siempre queda lo que pudo haber sido y todo lo que no fue. Los reproches y los recuerdos forman una lista de consejos que no deberían andar por casa, esas son las reglas del juego. La vida y la muerte son dos apuestas del destino, en la que todos sabemos quién gana, por lo tanto acabo de encontrar la brecha que separa a este juego de ganar o perder.
Dicen que la muerte corre con la ventaja de saber cuál es el destino de cada uno, eso hace que la gente tenga miedo de morir. El miedo más grande de mi vida no es llegar a la muerte, sino llegar a la muerte con aquella lista de consejos infinitos que nunca haya podido usar.
Todos vivimos a cinco minutos de la muerte, sin peaje y con un ritmo real acelerado. Cuando apago las luces, miro la oscuridad antes de cerrar los ojos y pienso que soy, donde estoy… Pero sabiendo que respiro para vivir y que no cuesta tan caro como algunos piensan.
Nos pusieron en esta vida para cumplir alguna misión, ya no me importa si son deseos o metas, tengamos en claro que las casualidades no existen y que todo lo que sucede tiene un objetivo real.
¿Alguien sabe cuál es la brecha entre la vida y la muerte? Yo tampoco. El día te puede sorprender a cinco minutos de la muerte y de repente dejas de ser algo, para volver a ser nada, es solo cuestión de que esos cinco minutos de ventaja que nos da la muerte, parezcan una vida.
Para mis abuelos y José. Al final del juego, ellos volvieron a empezar.
Muy bueno!!
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