07:40 AM. Un molesto ruido en aumento comienza a molestarme, de tan molesto que es logra que mis ojos se abran y le presten atención, es el maldito despertador que me avisa nuevamente que voy a llegar tarde. No hago tiempo para el café, salgo con lo puesto y algo más de ropa, la impuntualidad le gana a mi actitud generalmente y eso afecta a la moral, siempre lo intento, pocas veces lo logro, pero cuando llego temprano me siento satisfecho por completo. 07:55 AM, olvide que cuando me quedo dormido me cruzo con el tren y tengo 10 minutos más de demora, comienza a fastidiarme el día, decido relajarme, con la ventanilla baja del auto para dejar que entre el aire fresco de la mañana. En 10 minutos no se pueden hacer muchas cosas, esperando que termine de pasar un tren, pero si se puede pensar lo largo que va a ser el día, por lo tanto intento convencer a mi actitud para que cambie de opinión.
Sin ninguna mueca y con un ojo medio dormido comienzo a mirar la cara de los conductores que se encuentran esperando lo mismo que yo. Seriamos diez o doce autos los de la fila, seguramente con muy pocas cosas en común, pero todos esperando lo mismo. Una mujer en bicicleta con su hijo detrás, me hicieron recordar cuando mi vieja me llevaba al colegio, siempre dormido y fastidioso, deseando que el tren descarrilara para poder faltar. Si no es fácil la vida para un adulto a las 8 de la mañana, imagínense para un nene. La mujer me mira, se acerca y me saluda, era Luciana, una ex compañera de primaria que vivía a la vuelta de casa y cuando llovía me pasaba a buscar por ir a la escuela, después de más de 10 años me costó reconocerla. Era rara la situación, ella con su nene, yo con mis diez minutos tardes y un recuerdo que me acompaña.
Las barreras se levantan y sigo mi camino, es inevitable no sacar cuentas y las cuentas te llevan a las mismas conclusiones “Como pasa el tiempo”.
La jornada laboral comienza 15 minutos más tarde, por lo que debo cumplir el horario hasta las 12:15, como corresponde.
12:15 AM. El almuerzo comienza a preguntar por mí y yo trato de investigar que me toca hoy. Las puertas del trabajo quedan cerradas hasta mañana y mi día liberal comienza a funcionar.
Cruzo por la Avenida Rivadavia para llegar más rápido a casa y nuevamente se bajan las barreras del paso nivel, claro me olvide que llegue tarde al trabajo y al cumplir los 15 minutos de retraso vuelvo a encontrarme en el mismo lugar que hace cuatro horas atrás, pero del otro lado. El fastidio no va a lograr ganar este partido, porque todo es cuestión de actitud positiva.
Sin ninguna mueca, pero ya con los ojos bien abiertos vuelvo a mirar a todos los que están en la fila. Cada uno con sus tiempos, me pregunto si le estarán dando utilidad a estos 15 minutos que quedan muertos a la orilla de un paso nivel. A mi lado hay un hombre en su auto, habla con su hijo que se encuentra sentado al lado, seguramente le estará contando lo que la madre preparo para el almuerzo, situación similar a la que yo tenía con mi viejo cuando me pasaba a buscar por el colegio para ir a casa a almorzar.
El tren se frena y ya la paciencia comienza a cambiar de estado, parece que estos diez minutos de demora son elásticos y pueden extenderse algo más. No soy de calificar a los momentos con suerte o mala suerte, de hecho creo que la suerte no existe, pero de eso ya voy a hablar en otro capítulo, aunque si de alguna forma logran hacerte entender que la suerte existe, bueno podría decir entonces que en ese momento tuve mucha mala suerte.
La demora se extendió a 30 min. Se levantaron las barreras y los autos comienzan a andar como si fuese Buenos Aires, todos pegados, a los bocinazos y con la histeria que caracteriza a la ciudad de la furia.
13:00 Hs. La demora que en un principio era de 10 minutos, ahora se extendió más de la cuenta y decido comprarme algo para comer, ya que no tengo el tiempo suficiente para prepararme la comida, porque en media hora entro a clases de Ingles. Freno en el almacén de Juan para comprar esas tartas que tan bien le salen, pero me encuentro con el cartel de “Cerrado”, ahora si comienzo a creer que existe la mala suerte. A media cuadra hay una casa de comidas rápidas y mi reloj justamente necesitaba de eso en esos momentos, rapidez. Compro 4 empanadas y un agua mineral.
Llego a casa, prendo el ventilador y la computadora casi al mismo tiempo, Sabina de fondo y las 4 empandas casi que ni se alcanzaron a morder que ya dormían en mi estomago. En el teléfono 2 mensajes de voz. Los dos de mi vieja preguntando si ya había comido y como había arrancado mi día, la vieja tiene la costumbre de preocuparse todo el día por mí y le sale muy bien. Entre comer una manzana o llamarla a mi vieja, decidí por la fruta y el llamado para más tarde.
17:00 Hs. Los chicos me esperan para jugar al futbol, llego con lo justo, lo juro. Obviamente los 9 ya estaban en la cancha esperándome, maldita costumbre. La tarde comienza a olvidarse de los minutos perdidos de la mañana y yo me olvido de llamar a mi vieja, esta noche será importante, ya que vamos a cenar juntos como aquellos almuerzos después del colegio.
21:00 Hs. Mientras se prepara la comida comienzo a escribir en el blog sobre el destino, que sigo dudando si existe. Las pautas están, los pasos diarios y las obligaciones a cumplir. Nadie escribió en ningún lado mi final, solamente se va escribiendo minuto a minuto el desenlace, las alteraciones pueden ser los caminos y los capítulos los años. El inicio marca las pautas, el tiempo marcara el final.
23:45 Hs. El día termino, yo estoy bien. Les escribo lejos de mi rutina. Uno no puede entender como un desenlace puede ser alterado por un mínimo defecto de las pautas a cumplir. Mi único error fue quedarme dormido 10 minutos más tarde de lo normal y probablemente haya sido porque el día anterior me acosté mas tarde de lo debido.
Gracias a Dios mis viejos llegaron puntuales a la cena en casa, cuando me encontraron sin poder respirar. Los médicos dicen que tengo una gran infección, provocada por algún alimento ingerido en mal estado. Un virus alteró mi digestión y mi respiración.
Sigo sin creer en la suerte, pero ahora tengo mis dudas acerca del destino. Si hubiera abierto los ojos diez minutos antes de quedarme dormido, seguramente el almacén de Juan hubiese estado abierto, como todos los jueves a las 12:30 Hs.
He oído hablar varias veces del efecto mariposa, hoy quizás me nazcan las primeras alas y deje de ser Oruga.
Cualquier alteración con la rutina puede llevarte a perder grandes momentos de tu vida, diez minutos pueden alterar tu desenlace, pero sería bueno que no altere tu final.
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