jueves, 2 de febrero de 2012

Raíz de la limerencia.

Raíz de la limerencia, es un cuento en proceso, narrado en diferentes etapas, desde un estado interno, que no deja de respirar.


El tiempo, podría verse como los centímetros que separan al suelo del cielo, hacia allá vamos, de eso todos estamos seguros, entonces comencemos una aventura para que la vida, nada tenga que envidiarle a la muerte.
1° de Mayo.



El nacimiento
Parte I

Burasalita parecía desierta, como un pueblo de los primeros años del mil novecientos. Basta con aplaudir, o silbar bien fuerte, en caso de distancias mayores, para entender la señal de que alguien te anda buscando. De pequeño que era el pueblo, todos se conocían, inclusive Nicola podía reconocer a cualquier habitante que haya nacido entre el ochenta y el noventa.
El nacimiento fue adelantado, pero llego. Nunca habían tenido fecha de parto, no por descuidados, sino porque esas cosas no se buscan, ni se encuentran… simplemente nacen.
Los primeros pasos fueron rápidos, como en todo nacimiento. Nadie salía de su asombro.
_Papá, Mamá, él es Valentino, el amor de mi vida! Nicola era una joven sencilla, como cualquier joven que anda por las calles del pueblo, nadie podría imaginarla como la protagonista de un cuento, ni siquiera de este.
Valentino era hijo de un soldado italiano, exiliado a Burasalita años después de la segunda guerra mundial. Tenía corte de gringo, no solo el nombre lo identificada, llevaba la elegancia del país europeo. El nacimiento tuvo fecha, ‘primero de mayo’, mientras muchos dormían la siesta disfrutando el feriado que a algunos identifican, ellos le escaparon al reloj y se dieron la mano, por primera vez.

La imaginación suele ser fluida y en los cuentos no ha de faltar, mas en cuentos de fantasía, pero escribir lo que se encuentra en la retina de cuatro ojos, es bastante complicado. Hay momentos en los que uno los empieza a escribir y lo que realmente intenta, es que el lector pueda sentirlo. El pueblo tenia un numero finito de calles y esquinas, pero existía un rincón que solamente dos personas reconocían.

Ahora si, logramos entrar todos, seguramente deben estar viendo a Nicola y Valentino, abrazados, por mas de quince minutos, es el momento en que están alimentando a su amor. El nacimiento fue complicado al principio, porque como todo nacimiento llevaba un grado de incertidumbre enorme, pero la sensación guiaba el camino y cuanto mas lejos estaban, mas se extrañaban, así es el retrato de un amor verdadero.

Aquel otoño no fue simplemente una estación donde caen las hojas al suelo, el otoño divino relatado en aquel libro ‘Heridas absurdas de esencias reales’, dan pistas de la ecografía de este nacimiento.

Los días de colores fueron pasando desde el sol a la luna, ellos olvidaron de cortar los días del almanaque, ya que median el tiempo a su manera, por cada ausencia vivida, dos presencias compartidas y un abrazo embalsamado para que dure toda la vida.

El amor fue cumpliendo días y cada treinta de esos, ellos lo festejaban. Las risas, los excesos y los vicios mal curados de ese amor, hicieron mal criar a la criatura. Mimada por ambos lados y preocupados por la alimentación, todo lo daban de golpe, el limite era infitino, como su imaginación.



El destino
Parte II


La gente de pueblo tiene magia y los de la ciudad no les creen, pero suelen ir a preguntarle por su futuro, por curiosidad nomás, vio! Según cual sea la respuesta, aumentará o no la creencia; Suelen llamarlos “Lectores del destino”.
Serena, era el nombre de la lectora más popular del pueblo, desde lejos venían familias enteras a preguntarle sobre cosas que iban a pasar, si hasta han salvado vidas, dicen los más grandes. Según explicaba Serena, con mate de por medio, todos tenemos una marca en el cuerpo que nos lleva hacia el lugar que debemos estar, no se puede manipular, de hecho nadie lo sabe, pero si podemos averiguarlo.

El nacimiento de Valentino y Nicola ya había superado el año y medio y seguía ardiente. Las sensaciones tomaban cartas sobre el asunto y ese nacimiento del primer día de Mayo fue tomando forma. Nunca han sido capaces de preguntarse sobre el destino, es que ellos vivían contando ausencias y duplicando los encuentros, una historia difícil de narrar, teniendo en cuenta que todo sigue grabado en las cuatro retinas.

Serena, no era una bruja, aunque si era bastante fea, pero las brujas dan miedo y Serena solamente asustaba a aquellos que le temían al futuro, claro es que su trabajo era leer el destino.
“_Toda persona que intenta saber sobre su destino es un cobarde, viven con miedo sus días, porque les da pánico saber que cada día pueden hacer algo diferente.” Palabras de una vieja que tiene mas viajes que años y sin embargo nunca jamás conoció otro lugar, mas que Burasalita.

Valentino encajaba en el grupo de los cobardes que no querían a la vieja, es que él tenia en claro que su destino no existía, que nadie podría saberlo. Dos cosas necesitaba para creer que el futuro existía, su pasado y el presente. Del primero puedo contarles que abusaba demasiado, nunca olvido el recuerdo y ni siquiera era bueno recordando, porque recordaba solamente lo que él quería, no lo que necesitaba. Del segundo podríamos hablar hasta que se termine el día, es que el presente es el único estado en el que sabemos cuando finaliza y justamente será cumplidas las veinticuatro horas.

El viejo Simon era otro personaje del pueblo, se encabronaba feo cuando le gritaban los niños “Viejo Simon”, al punto de sacarlos a correr, todo encorvado y con un palo robado del árbol de la plaza, bien personificado el viejo, lo mas parecido al joven de Notre Dame que hemos visto, pero con varios años mas. Él era el que sabia de que se trataba la vida, era el encargado de una cátedra difícil.
“_El presente es un estado que dura, como mucho, veinticuatro horas, nunca hay que fiarse ni del ultimo minuto, porque como todos saben, en un minuto puede cambiar el mundo, si no lo creen, vayan a la casa de Serena y pregunten por el destino, quizás ella sepa mas de un final, que de un principio, yo solo puedo enseñarles como vivir en veinticuatro horas, un minuto después no se que es lo que va a pasar.”
Esas fueron las palabras de un tipo que nunca fue a la escuela y tiene más valores que minutos vividos. El loco Simon le decían los grandes, El viejo lo llamaban los mas chicos, a mi simplemente me gusta nombrarlo por su nombre.

El destino y el presente tienen tanto en común, como lo tienen Serena y Simon. Valentino solía agarrar a Nicola de la mano y juntos viajaban, sin salir del pueblo, como los viajes de la vieja. El nacimiento ya había pasado, el amor iba tomando identidad y las consecuencias comenzaban a hacerle sombra a las causas. Desde la orilla de la laguna, podía verse como se asomaban fuertes tormentas y el reloj marcaba que en pocos minutos llegarían las veinticuatro horas del día que nos contaba Simon.



La contingencia
Parte III


La narración de un cuento te exige un cierto grado de regularidad, nadie puede caerse de la historia. Los pueblos tienen el mito guardado, escondido, como el tesoro sagrado de la cultura. Los burasalences llevan esa magia guardada en textos empíricos, narrados por protagonistas que han ido mutando.
Durante muchos años, las antiguas generaciones han salido a buscar por el mundo un solo motivo para ser feliz, es que a su alrededor nada parecía conformarlos. Guiados por una fuerza mayor que nunca jamás habían conocido, más allá de la existencia, ellos sostenían su cuerpo a través de una sola creencia, la contingencia.

El mundo esta lleno de causas y consecuencias, muchas veces las buscamos y otras tantas nos las traen para mirarlas, compartirlas y cuando uno se encariña, nos la sacan sin dar una sola explicación. Desde ese momento es que alguien muy creativo le ha cambiado el nombre y ha propuesto en sociedad, denominarla casualidades, que nada tienen que ver con la familia de la causa.

El nacimiento mucho tuvo que ver con esto, es por eso la introducción a este encuentro. Nadie sabe en que estaba pensando Valentino, instantes antes de conocer a Nicola, probablemente viajaba en estado vulnerable por el tiempo, contando días y horas para que la casualidad le de una oportunidad de elección.
Nunca nadie me explico el movimiento de la contingencia, pero existe. La existencia o no de un ser que puede ser fundamental en mi recorrido no me inspira, no me ayuda a crecer y a su vez, alimenta mi matriz conformista. Toda causa, tiene un fin y luego de ese fin, nacen nuevas causas, así se forma la vida, ninguna importancia tiene el nombre propio. Nicola cruzo a Valentino, algo quiso que así sea, algunos pocos se animarían a culpar al destino.

Sisé es la protagonista mitológica de esta parte del cuento, la representante de la contingencia en Burasalita. A los quince años comenzó a trabajar en la cooperativa del pueblo. Nunca le gusto el estudio, termino la primaria a fuerza de golpes e insultos internos de su casa. Trabajaba en mantenimiento, luego la pasaron a conservación, para completar dos años dentro de higiene.
La vida de Sisé era complicada, trabajaba para no volver a la casa, no es que sus padres eran violentos, ni mucho menos, solamente ella decía que había nacido para la independencia, estilo de vida que chocaba con la de dos padres adultos, de otra generación.
Llegado fin de año, el azar juega una pasada importante, lejos de poder confirmar si el azar siempre es suerte, digamos que la suerte es un termino que usamos cuando no tenemos justificativo alguno, por lo tanto el azar entra en juego, pero desconociendo el motivo real. La cuestión es que Sisé gana el sorteo de las fiestas del pueblo, un viaje al viejo continente, todo pago y con la estadía laboral de un año en una cadena de supermercado que pertenecía la cooperativa.
Que mejor momento, para una chica que había nacido para ser independiente. En un mes saldría el vuelo y su historia comenzaría a desatar nudos, para añadir otros.

Pasaron décadas y Sisé nunca regreso a Burasalita, si bien el vinculo con su familia se normalizo, con su ida han quedado sueños guardados, que ya nunca podrán despertar, es que esos sueños ya están vencidos.

Las casualidades no existen, siempre y cuando sean claras las razones. La razón por la cual Valentino se había enamorado de Nicola era clarísima, una fuerza hizo que esté donde tenía que estar, quizás de no mediar la contingencia, ellos hoy no serian los protagonistas de esta Limerencia.


La vehemencia
Parte IV


Siempre los años de felicidad son observados de reojo por aquellos que pertenecen al sistema y nunca han podido ni siquiera acercarse a mirar. En Burasalita no era difícil ser feliz, lo que si realmente era complicado era mantener esa energía en forma constante, o por lo menos no salpicar tanto a las sonrisas. Valentino y Nicola eran felices, nunca lo han dudado, hasta que en un instante, ninguno de los dos sabe cómo, ni cuando, pero sembraron esa semilla de la duda y eso es como el tiempo, tic tac y se van reproduciendo como conejos.


Contarles esta historia sin saber el final de la misma, juega a favor, pero que no sepa el final de la historia no significa que este cuento hoy en día tenga un estado petrificado y por ahí cuestan las puestas en escena, teniendo en cuenta que desde el nacimiento a esta parte, han pasado algunos años.

La vehemencia, en el recorrido de esta limerencia es para que puedan entenderlo, la piel de nuestro cuerpo, pero que no se puede tocar, aunque si se puede sentir, es por eso la comparación. La vehemencia es la fuerza máxima que utilizaron Valentino y Nicola para no dejar penetrar a su círculo virgen esas porciones de dudas que iban reproduciéndose como conejos hambrientos, preocupados por filtrar y destruir.

La historia los deja caminar, decidir, parece que hablar de decisiones es representar al cambio, aunque puede que no. La decisión es la causa más difícil que deben afrontar los cobardes y generalmente se pierde en la comodidad, todos esos son términos que inundaban la cabeza de estos dos corazones intactos.

Nicola y Valentino no son simplemente los nombres de los protagonistas de este cuento, ellos son parte de la realidad, esa que tiene días, horas y momentos para llorar, para reír y para crecer, crecer desde las decisiones, aun perteneciendo al reino de la cobardía.

La destrucción parecía llegar, cuando el amor se fue de vacaciones, quedaron dos cuerpos con vida, congelados, sin entender cómo fue que sucedió. Nicola lloraba al mismo tiempo que Valentino pensaba y no se animaba a responder todas sus preguntas. La vehemencia parecía frágil esa vez, la piel que había protegido al ser que dieron vida, se encontraba vulnerable a los golpes, difícil de resistir.
En Burasalita, las promesas de amor se cumplen, por eso hay que tener cuidado cuando ya sos parte del pueblo. Es inalcanzable el deseo cuando tiemblan las piernas del miedo a encontrar tu rincón, cuando menos lo esperas ya estás ahí, sentado esperando que tus días vuelvan a ser como antes y en verdad nunca volverá a suceder.

Todo parece quedar en manos del tiempo, lo dicen los psicólogos, lo dicen los padres y hasta la vieja Serena que de eso sabe bastante. La fuerza contra la destrucción o la separación puede ser fuerte, pero quizás no alcance o quizás sí, una vez más siguen siendo preguntas sin respuestas, respuestas que solo el tiempo da, entonces caemos en la leyenda de Sisé, que en verdad dicen que no se fue a Europa.

Seis años va a cumplirse del nacimiento y la criatura todavía no habla, camina cada día menos y no deja de llorar. Parece que escribir un final es más difícil que escribir un principio, será porque al escribir el final uno espera que el último punto en verdad sea solamente un punto y aparte.

El árbol fue creciendo por fuera, pueden verse frutos que ya han besado el suelo, han caído de las ramas, han pasado de verde a rojo, han madurado y hasta han cambiado de estación. El tronco puede verse radiante, ha cambiado de color, como ha cambiado de promesas. Puede que deje de crecer, es una posibilidad, seis años de pie cansa y la vida de los arboles en Burasalita triplican a los años del amor, por cada despedida envejece cincuenta años.

Suelo pasar de vez en cuando, pero en verdad no se me hace fácil ver como Valentino va para allá y Nicola viene para acá, si mientras caminaban por el mismo camino, todos los personajes de este cuento los mimaban, los cuidaban, porque en varias décadas, desde su fundación, jamás nadie me había preguntado donde quedaba Burasalita, aun sin saber que todos hemos estado alguna vez allí.  Para cuando vuelvan a entrar, verán que el árbol que vieron nacer seguirá en pie, firme, porque lo importante de ese nacimiento no fue lo que el tiempo les dio, sino lo que el tiempo dejo, la raíz de la limerencia. Solo Nicola y Valentino sabrán cuan fuerte puede ser esa raíz, para imaginar cuánto tiempo podrá seguir en pie el viejo árbol de Burasalita.

Burasalita vuelve a parecer desierta, como un pueblo de los primeros años del mil novecientos. Basta con aplaudir, o silbar bien fuerte, en caso de distancias mayores, para entender la señal de que alguien te anda buscando.


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