En fin, Barcelona tiene ese encanto que ya de entrada hace entrever
que algún día lo voy a extrañar. Genera convulsión anímica en mi estado de
sitio interno. Me frustro tantas veces como me animo y me asusto la misma
cantidad de veces que cierro los ojos y me inserto en la multitud.
Siempre me hablaron de experiencias, supongo que de eso se
tratan los movimientos que tanto espacio ocuparon en este blog. Si de
movimientos se trata la vida, no puedo dejar pasar el momento para presentarles
a Linn.
Cuando comencé a imaginar este viaje, el prototipo de
persona viajera y llena de imágenes guardadas, voces grabadas e idiomas
hablados, eran la inspiración justa para esconder los miedos que existían; quizás
hoy, entiendo que nunca tome dimensión de que esto no era solo cuestión de
kilómetros.
Ese prototipo, en esta aventura, tiene cuerpo de mujer y
como bien les conté, también lleva un nombre. Linn es sueca, a punto de cumplir
22 años, conoce casi diez países. Deberían escucharla aprender a hablar
español, lo lleva bastante bien y se vive riendo de si misma cuando no le salen
las palabras.
Es de Suecia, pero solo de nacimiento, arranco su aventura a
los 18 y si bien es verdad que volvió un par de veces a su casa de visitas, tiene bien claro que
le queda mucho por conocer.
Llego a casa un día después de mi estadía. Natalia, la
administradora del piso, me dijo que Linn completaría el espacio disponible que
había libre en el departamento. Así es como casi todas las noches y mediodías nos
cruzamos en el mismo espacio, Linn, Natalia, Nicolás, un chico italiano que
empieza a estudiar comunicación visual y Silvia, una masajista que dice ser de
Roma, pero que tiene acento catalán. Esta es mi nueva gran familia.
En fin y en principio, Barcelona tiene ese encanto ¿Cuál?
Bueno, es otro ritmo.
Siendo la tardecita de un sábado que ni siquiera lo parece,
cruzando la plaza Catalunya, esquivando gente de todas las culturas, como una
enorme macedonia de personas que se flamean de un lado hacia otro, me alejo, me
siento y comienzo a observar, es lo que más interés me despierta de ese mar de
gente. Las miradas no mienten y en eso me detengo, supongo que me he vuelto más
reflexivo en estos últimos días por dos cosas; primero y fundamentalmente por
el motivo que me movió hacia aquí, aprender; y no hay mejor método para
aprender que observar. El segundo motivo es que desde que llegue, leí dos
libros de Gabriel Rolon y de verdad que me ayudo.
En fin (Rolon se haría un festín con esta palabra) No paro
de observar a la gente, de mirarla a los ojos y de pensar todo lo que vendrá en
mi camino.
De tanta soledad me aburro y decido dialogar con una mujer,
creo que no me dijo nunca su nombre, pero era grande. Le pregunte que tenían que
ver las velas que había en el centro de la plaza. Me mira, gira su cuerpo y me
señala con su dedo índice hacia arriba; yo levanto la mirada, era el banco
español
_¿Ves esa bandera? Es la bandera de mi país, del país donde
vos estas ahora, me dijo de manera efusiva.
Yo, sonrió, la miro como entendiendo la situación _ La bandera
de Catalunya, le contesto.
_Sois argentino, me dice, en tono de pregunta, pero claro,
era una afirmación. Ella era nieta de un argentino, cordobés, se notaba
emocionada al contarme, sin embargo, confesó que nunca había visitado mi país.
Así fue como conversamos y le fui preguntando sobre la búsqueda
de la independencia catalana.
_298! Doscientos noventa y ocho años exactamente! Responde pausadamente,
como dejándome lugar para procesar dicha información. Yo me había adelantando a
mi intriga y había hecho referencia a los años que llevaban de lucha para
lograr la independencia de España, como país autónomo. Si bien políticamente no estoy en condiciones
de abrir un juicio previo sobre esta movilización, si puedo decirles que en los
ojos de esta mujer, observe lo importante que es para el catalán no sentirse
español.
El martes 11 se concentran todos para exigir la
independencia y aunque hubo una pequeña, hasta diminuta diría, charla con esta
mujer, supo darme un golpe de enseñanza frente a mi resonante frase, “Para
lograr una independencia, yo estudie que es necesario que corra sangre”.
_ Ya, quedáis tranquilos, que nosotros sabéis muy bien lo
que Colon y su gente han hecho a vosotros y aquí nadie lo aprueba, Replicó casi
interrumpiendo mis palabras. No deja de
sorprenderme su respuesta, ingenuamente no la esperaba, a lo que agrega_
Nosotros exigimos lo que creemos que nos pertenece, pero a su vez somos ‘Pactistas’
_ ¿Pacifistas? Intento corregir.
_También, me responde. Pero ante todo respetamos los pactos
acordados.
En fin y en principio, Barcelona tiene ese encanto, que
prometo seguir contándoles.
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