Empezando por el principio de esto, debería contar
que un día viajando en tren participé de una conversación entre dos personas,
un dialogo en forma de debate. Digo participé, porque era parte de la escena,
como un objeto sentado del lado de la ventanilla, que miraba hacia afuera,
contando los postes de luz que pasaban a una gran velocidad. Parece ser que la
charla ya se había iniciado y yo no alcance a percibirlo, andaba concentrado en
la cuenta y no quería distraerme, hasta que la insistencia y seriedad de la conversación
hizo que los cuatro que estábamos en la escena prestáramos atención a la conversación.
Dos hombres, de más de treinta y cinco años
cada uno, debatiendo sobre capitalismo, competencia y economía rentable,
discuten sobre la devaluación y el peso monetario. La repartición y distribución de bienes, en la
actualidad, es un tema de debate, mínimo entre dos personas. En este caso, las
otras dos que formábamos parte de la escena involuntariamente, no participábamos.
En mi caso, por ignorancia al tema.
La cuestión y el punto de inflexión en la
charla fue cuando uno de los hombres cuestiono la mala distribución, según él,
de un gobierno de turno. La mala distribución en gestiones mal empleadas e
innecesarias, a lo que concluyo con una contundente afirmación.
_ Ese dinero, en vez de emplearlo en planes que
no tienen sentido, en actividades que no tienen que ver con la necesidad de la
gente, en vez de utilizarla en esas cosas, ¿Por qué no se la dan a la gente? Sabes
lo que solucionaríamos con esa plata cada uno de nosotros.
_ Eso no podría ser posible, porque habría una
tremenda devaluación de la moneda. El repartir dinero entre la gente, no soluciona
nada, al contrario, devalúa el bien, porque no existiría la competencia, por lo
tanto habría una crisis aun mayor_
Replico el compañero, con seguridad, dejando entrever que del tema, algo
entendía.
El viaje continuo, los temas fueron cambiando,
no todo el recorrido hablaron de política, pero sin dudas que fue una lección que
quedo en mi cabeza. Cuanta mayor distribución de algo, pierde competencia,
justamente por la facilidad de obtención y porque todos lo tienen, entonces
trato de llevarlo a otro plano, le cambio el foco.
¿Qué pasaría si todos fuéramos felices? Existiría
una devaluación de emociones. ¿Si todos fuéramos exitosos? Quizás habría una
devaluación de esfuerzo.
El viaje llego a destino, fueron varias horas
intensas. El recuerdo de aquella conversación quedo presente y prometí un día,
traerlo al blog. Yo no sé que tendrán de lógica todos esos pasos planteados,
lejos estoy de ser un especialista en economía. De lo que sí puedo estar
seguro, es que genero un pensamiento, seguido de un análisis.
La economía afrontara varias crisis, seguirán existiendo
preguntas sin respuestas, pero si algún día llegara a suceder, que todos amaramos
a alguien al mismo tiempo, la devaluación rompería su lógica, porque el amor
debe ser uno de los efectos más impredecibles, por lo menos, desde que se
invento la devaluación.
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