miércoles, 3 de abril de 2013

Lógica devaluada.


Empezando por el principio de esto, debería contar que un día viajando en tren participé de una conversación entre dos personas, un dialogo en forma de debate. Digo participé, porque era parte de la escena, como un objeto sentado del lado de la ventanilla, que miraba hacia afuera, contando los postes de luz que pasaban a una gran velocidad. Parece ser que la charla ya se había iniciado y yo no alcance a percibirlo, andaba concentrado en la cuenta y no quería distraerme, hasta que la insistencia y seriedad de la conversación hizo que los cuatro que estábamos en la escena prestáramos atención a la conversación.
Dos hombres, de más de treinta y cinco años cada uno, debatiendo sobre capitalismo, competencia y economía rentable, discuten sobre la devaluación y el peso monetario.  La repartición y distribución de bienes, en la actualidad, es un tema de debate, mínimo entre dos personas. En este caso, las otras dos que formábamos parte de la escena involuntariamente, no participábamos. En mi caso, por ignorancia al tema.
La cuestión y el punto de inflexión en la charla fue cuando uno de los hombres cuestiono la mala distribución, según él, de un gobierno de turno. La mala distribución en gestiones mal empleadas e innecesarias, a lo que concluyo con una contundente afirmación.

_ Ese dinero, en vez de emplearlo en planes que no tienen sentido, en actividades que no tienen que ver con la necesidad de la gente, en vez de utilizarla en esas cosas, ¿Por qué no se la dan a la gente? Sabes lo que solucionaríamos con esa plata cada uno de nosotros.
_ Eso no podría ser posible, porque habría una tremenda devaluación de la moneda. El repartir dinero entre la gente, no soluciona nada, al contrario, devalúa el bien, porque no existiría la competencia, por lo tanto habría una crisis aun mayor_  Replico el compañero, con seguridad, dejando entrever que del tema, algo entendía.

El viaje continuo, los temas fueron cambiando, no todo el recorrido hablaron de política, pero sin dudas que fue una lección que quedo en mi cabeza. Cuanta mayor distribución de algo, pierde competencia, justamente por la facilidad de obtención y porque todos lo tienen, entonces trato de llevarlo a otro plano, le cambio el foco.

¿Qué pasaría si todos fuéramos felices? Existiría una devaluación de emociones. ¿Si todos fuéramos exitosos? Quizás habría una devaluación de esfuerzo.
El viaje llego a destino, fueron varias horas intensas. El recuerdo de aquella conversación quedo presente y prometí un día, traerlo al blog. Yo no sé que tendrán de lógica todos esos pasos planteados, lejos estoy de ser un especialista en economía. De lo que sí puedo estar seguro, es que genero un pensamiento, seguido de un análisis.

La economía afrontara varias crisis, seguirán existiendo preguntas sin respuestas, pero si algún día llegara a suceder, que todos amaramos a alguien al mismo tiempo, la devaluación rompería su lógica, porque el amor debe ser uno de los efectos más impredecibles, por lo menos, desde que se invento la devaluación.

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