Martes 15, semana del descargo. Señor Juez, quisiera pedir perdón antes de comenzar a relatar mi estado crítico de la semana del 27 de noviembre. Sabe usted, uno a veces se enoja, con sí mismo, o con segundos y hasta con terceros. Suele echarle la culpa a los demás, suele pedirle explicaciones a Dios, preguntarle a un amigo ¿Por qué me pasa esto a mi? Y creo que encontré la respuesta. Uno en la vida siempre intenta. A veces se cumple el intento y todos somos felices, salimos a festejar, cumplimos las absurdas promesas que hicimos, olvidamos todo el esfuerzo que nos costó conseguirlo ¿y después? Después continúa la vida, vuelve el stress, comienza nuevamente a sonar el maldito despertador y comenzamos de nuevo a preguntarnos ¿Por qué a mí?
Ahora si el intento no llega a su fin, ¿es fracaso? Que palabra… mete miedo a veces, ¿porque resulta ser tan difícil aceptar que no se pudo lograr un objetivo? , esconderse del prejuicio de aquellos que sin pena y con mucha gloria piensan que tienen el mundo en las manos, son esos mismos que terminan aceptando que son cómplices de una sociedad competitiva y que juegan a ganar y solo logran perder.
Ahora bien señor Juez, acá esta mi declaración. Sentí que el mundo se terminaba, míre lo ciego que estaba, que hasta de mi desconfiaba. Sentía truenos de noche, vientos fuerte que no me dejaban dormir, pensaba en la semana del 14, sabía que terminaría escribiendo aquí como estoy ahora, lo que no sabía señor Juez, es lo importante que es sobrevivir.
Para dar mí declaración debo contarle sobre mi vida privada, no parece del todo justo, pero algunos detalles le voy a contar. Trabajo en formación profesional, pocos conocen que es y siempre me preguntan, por eso me adelanto y le comento algo. Es una rama de la educación, que trabaja con adultos, el eslogan general es “Educar a trabajadores” para una salida laboral. Mi especialidad es informática y mi tormenta se llama universidad. Resulta que me acorrala la carrera, me quedan materias para terminar y hay un fantasma que no para de empujarme de la cama cuando intento soñar, esa fue mi alerta meteorológica. De lunes a viernes trabajo, como le contaba estoy en la parte de informática, doy clases de computación. Esto implica tiempo, el tiempo implica menos horas y menos horas implican rapidez. Si asocio todas esas palabras termino en el medio de una desesperación crónica, porque no llego a cursar, o porque no llego a preparar la clase que voy a dar a mis alumnos o porque no puedo decepcionar a ese fantasma que me empuja de la cama todas las mañanas, ¿me entiende usted señor juez?
Bueno en fin, tengo 1 problema y varias soluciones. Mi problema principal es que tengo 24 horas y una sola vida, las alternativas son: Seguir caminando y no mirar a los costados, esquivar a los sin penas y mucha gloria para no contagiarme de ellos. No aceptar una derrota y mezclarme en la mentira o también podría darle a usted un falso testimonio y ser condenado… No hay misterio señor Juez, acá no hubo ningún crimen, nadie se murió de angustia, nadie ni siquiera ha llorado… tendrá que entender a los sin gloria y con mucha pena, o como quiera usted identificarlos. Agradezco y felicito a mi esfuerzo, he egresado de nivel, ya aprendí que significan las palabras VALOR, ESFUERZO Y FRACASO.
Usted ha sido sobreseído. Su libertad es incondicional y su consciencia puede dormir tranquila. Disfrute del descanso del estío pos-hastíos! Amén.
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