domingo, 30 de mayo de 2010

Amar tambien es animarse a perder.

Acá estoy de nuevo, ya van bastantes entradas seguidas… el otoño ayuda. Tengo muchas cosas para escribir, y sin embargo cuando me siento acá se esconden todas las ideas.
Puedo plantearte situaciones. Si viene mañana un Dios y te dice que vas a ser feliz, que vas estar al lado de una persona que va a amarte desde el primer amanecer hasta el último anochecer, que va a temblarte el cuerpo cuando lo mires, que vas a llorar cuando lo extrañes, que vas a conocer el miedo cuando se vaya y que vas a aprender a esperar cuando él vuelva. Seguramente aceptarías a ese hombre, llenaría todos esos espacios vacíos que ocupas al dormir, aceptarías porque te haría única y borraría el después.
Sabrás que el amor hace muy bien, mientras no haya preguntas. Sabrás que el amor hace muy mal, mientras no haya ambición, ni deseo.

Te entregas al Dios, pagando sin saber el precio y hasta no exigís el cambio, compraste un jardín lleno de flores de color, olvidando que la primavera tarda 3 estaciones mas en volver. La vida te recompensa cuando estas soñando y finalmente te abandona al despertar.
Te paras frente al espejo y ves que fuiste feliz, que te amaron desde el primero amanecer hasta el último anochecer, pero dudas y te morís de miedo. Ya no te tiembla el cuerpo cuando lo ves, sino cuando no lo encontras.

¿Quién se anima a condenar a ese Dios? No es recomendable comprar amores que nunca terminan, sino aquellos que puedan entender, que amar también es animarse a perder, para finalmente volverte a encontrar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.