La noche llega temprano y con un regalo que él nunca había pedido, se acostumbra el reloj a la demora de su vida, es que nunca fue puntual, ni siquiera para amar.
Las persianas se bajan, las luces se encienden y arranca algo distinto. El humo de esta noche enciende la mecha y comienza la cuenta regresiva. El amor suele consumirse más rápido que un cigarro, pero esta noche fue bien fumado.
Ella sorprende con un beso en la frente y él no se ataja, ni se deja escapar. Comienza un amor de madrugada lleno de esperanzas y miedos.
Las posdatas de este amor son más largas que el final, ninguno de los dos se atreve a preguntar si el otro lo ama y caen en un colchón con sabanas gastadas, llenas de marcas de piel.
El olor a pasión limita las preguntas y suspende al compromiso, si para esta noche no existe el mañana, en veinticuatro horas tampoco existirá el hoy.
La noche llego temprano y se va muy tarde, el escenario queda devastado y nacen las promesa de no volver a empezar. Todo lo que termina siempre tiene segundas oportunidades y más si lleva la marca del amor.
Las cuestiones, son cuestionamientos que uno se hace luego de la huida… él corrió lejos, superando los límites geográficos. Ya no está y todos lo sufren, pero solo por dos días. Su ausencia queda estéril y el efecto de la perdida se cura con el tiempo, el llamado de atención queda en el pasado y decide volver, pero el viaje fue solo de ida y le explican que en la vida solo se nace una sola vez.
La noche vuelve a llegar temprano y con un regalo que él nunca había pedido, se acostumbra el reloj a la demora de su vida, es que nunca quiso estar, ni siquiera para amar.
PD: En cuestiones de amor, siempre hay segundas oportunidades, salvo que te fíes de él mismo.
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