martes, 12 de octubre de 2010

Sobrevivir, el mejor metodo para olvidarse de la vida.

Sin prisa, sin preguntas ni respuestas que compliquen mi día, así era yo. Si de un prejuicio nace un juicio de valor, como no van a cosechar mentiras, si nunca sembraron la verdad.
Qué lejos me encuentro de mis quince años y no estoy diciendo que este viejo, todo lo contrario. Es raro hablar de la vida como una colección de momentos, pero generalmente me sucede recordar más que proyectar. Considerando lo malo que soy para olvidarme de las cosas, vuelvo a los tiempos en blanco y negro fácilmente.
El panorama actual no es desalentador, pero ya me mancharon los sueños que esperaba para mis veintiséis años. La rutina es el peor disfraz para la supervivencia, todos vivimos en ella, nadie puede escapar. Los compromisos y responsabilidades han cambiado, ya no solo depende de un despertador, sino también de una persona que te da órdenes. No vas a frenar jamás y si lo haces, será el momento indicado para entender que entraste al mundo de las preguntas sin respuestas… estas preguntas que son afirmaciones generadas, ‘Podes…, fíjate si…, trata de…’ y toda una serie de obligaciones que se transforman en presión, peleando con el fracaso diario que te ponen en la espalda cada vez que no llegues a cumplir.
Recién me estoy acordando de las tardes en tu casa, las noches de fogón y guitarra, los cigarros que nunca prendimos, por miedo a que nunca se apaguen. Los amores que nunca sentimos por ese absurdo miedo a estar mejor. La vieja esquina y los cuentos de terror, las más vueltas que idas y el eterno miedo a saber que seremos cuando seamos grandes.
Después del cuarto de hora, la vida tiene otras intenciones con nosotros, por más que mi viejo no se lo crea.
Los viejos espacios libres que había ya no existen, hoy todos vivimos al límite del reloj, dependiendo de un triste segundero y exigiéndonos al máximo. Encerrados en un laboratorio de enormes dimensiones, respiramos sometidos a diferentes pruebas de nivel, subsistir, avanzar, madurar, crecer, como quieran llamarlo… siempre fue sobrevivir, el mejor método para olvidarse de la vida.
Juro que no fue intencional, la puerta estaba abierta y me asome, desde ese momento todos los instantes fueron distintos… todos menos el que encuentro cuando me siento a escribir.

Por más que me digan que la vida es una sola y que hay que ser feliz, primero intentare volver a ser yo por un día, quizás desde ahí pueda volver a nacer, sin preocuparme que será de mí cuando sea mayor.

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