Generalmente gana el pasado cuando entierran al futuro y esa noche volvió a respirar el muerto vendido; Hay amores que nunca dejan de temblar y traen preocupaciones. Los cuervos se esconden de esas mariposas que se disfrazan de amor y llenan a la habitación de inútiles esperanzas, todo cuento romántico transcurre en una cama y termina con preguntas, nadie se anima a vigilar a su amante cuando sale de su casa, demasiadas respuestas para dos historias paralelas.
Los masculinos aprendieron que siempre hay que ser preciso en manos de una mujer y empatar con cualquier reproche de amor que se juegue en sabanas ajenas, no preguntes nunca más de lo acordado, cierra esa puerta y vuelve a empezar.
La rata camina en dirección contraria para encontrarse con el ratón, lo escribieron en la canción y todos se dieron por aludidos. El masculino se expone y el femenino responde, no hay que ser rata o ratón para resistir a la comparación.
Finalmente gana el pasado y ambos se quedan en su casa deshojando margaritas, el futuro quedo demasiado lejos como para sentarse a esperar.
Mientras los cuervos huyen de las mariposas, las sombras de lo prohibido no cesan al dormir, se hace un nudo en la boca y no saben que decir. Las grandes historias tienden a ser grandes problemas y nadie se anima a preguntar para saber, ni averiguar para entender; El pasado gano y el futuro cambio. Las letras del destino vuelven a borrarse y ya a nadie le da gracia perder una ilusión, todos quieren abandonar el juego cuando ya no hay piel que resista.
El masculino asume y el femenino confiesa, la esposa se aburre y la viuda se divierte, los hijos del tiempo son hijos del infierno, basta de creer y empecemos a confiar, no hay amor mas prohibido que el amor injusto, ni amor mas injusto que el amor prohibido.
La rata camina en dirección contraria para encontrarse con el ratón y en el camino se transforma en una rata con experiencia. Jamás podremos confiar en ella, si nunca dejara de serlo, pero porque van a perderlo si a todos les gusta el ratón.
Mientras los cuervos huyen, el amor sin apetito, de las ratas sin ratón, vuelve al músculo del corazón, porque no hay amor más prohibido que el amor injusto, ni amor más injusto que el amor prohibido.
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