martes, 10 de enero de 2012

El enorme ventanal.

Existe un sonido que es silencioso y muy significativo, es el sonido interior que le da cada lector a un escritor, eso es  lo mágico de la lectura. Un lector le da voz a los textos de cada escritor, por lectura, es inexplicable y es el único sonido que no se escucha.

Comienzo este relato imaginando la voz que le pondrán mis lectores a este cuento.

Entro en escena, una casa antigua de dos pisos, un conjunto de habitaciones y un grupo de diez personas conviviendo, yo era el ultimo en llegar. En cada rincón de la casa podían verse cámaras de seguridad y al ser nuevo y sin conocer a nadie, me puse a contar las 15 ventanas que llenaban al hogar. Hablando con mi compañero de habitación me cuenta que estábamos en un reality y que las cámaras nada tenían que ver con la seguridad, sino que servían para estudiar las actitudes del ser humano.

Resulta que el estudio iba a ser preciso, todos los participantes de este reality deberíamos saberlo. No había premio, nadie iba a ganar o perder, ni existían las nominaciones. Los demás podían verse como personalidades diferentes, con actitudes diferentes y hasta en algunos casos, razas diferentes. Había un indio que se llamaba Nahuel, moreno y sin calzado, de pocas palabras y podía verte a través de su saludo la resignación y un poco de resentimiento por la poca igualdad que existía en cuanto a sus derechos. No voy a decir que me hice amigo, pero con el indio no nos llevábamos mal.
Con los días fui conociendo a los demás, Tamara era un joven del interior del país, más precisamente catamarqueña, compartía habitación con Gabriel, un pibe de treinta años que nació y se crió en la ciudad de la furia. ¿Que cosas en común puede tener Catamarca con Capital Federal? Bueno, por lo pronto a Tamara y Gabriel. Facundo, Pamela y Javier eran tres primos que se habían reencontrado en esta casa, incluso entre Pamela y Facundo no se conocían. Los tres descendientes de un tano, un tano que tenia sangre alemana.
Bautista era Judío y le tenia miedo a Facundo, se notaba en su andar. Por ultimo, la lista la completaban los mellizos Gonzalo y Valentín, dos pibes de veintitrés años que fueron abandonados al nacer y los adopto el intendente de mi ciudad cuando tenían seis años.

Con el escenario completo, comienzan a correr las escenas, los días resultaban aburridos, no había mucho para hacer. Las costumbres y personalidades resultarían opuestas, pero todos estábamos pensando en lo mismo, cual seria el estudio o fin de este rodaje.

No podré decirles que día fue lo sucedido, porque en la casa no había ni reloj, ni almanaque, pero recuerdo bien que fue una mañana. Me levante más temprano que todos y me senté en el patio. Desde el primer día que pise el hogar, veía en el fondo de la casa un galpón, con un ventanal enorme, pero la atracción de la gente y lo exótica que era la vida rodeado de cámaras, siempre lo había dejado en segundo plano.
La mañana me llevo a levantarme del sillón y caminar hacia el galpón, el camino era largo y parecía que estaba cada vez más al fondo. Me acerco a la ventana, apoyo las dos manos haciendo sombra y tapando al sol. Podían verse muchas cosas que me resultaban familiares. Claro, eran mis recuerdos, mi primera pelota de básquet, la camiseta de River con la publicidad de credencial, fotos de Villa… era increíble. Las primeras cartas de amor dentro de esa caja que un día cerré y prometí nunca mas volver a ver, mi primer pijama, mi bicicleta, un sin fin de recuerdos que me pusieron la piel de gallina. Mordiéndome el labio y sin explicación, intento abrir la puerta cuando de repente siento un golpe en la cabeza, segundo después de sentir varios golpes mas cierro los ojos y me duermo.

Sentí que paso una semana desde que me dormir hasta despertar y en realidad habían pasado horas. Al primero que veo cuando abro los ojos era a Nahuel, yo estaba bien, solo un poco confundido. Mis días seguirían iguales y con nadie lo compartiría. Me levanto, saludo a Nahuel y el me contesta preguntándome como estaba, yo no me animo a contestarle y salgo de la habitación. Todo estaba normal, solo que faltaba uno de los mellizos.

El hogar había dado la bienvenida a un nuevo integrante. Se llamaba Saúl y era del sur. Todos nos presentamos y él sumo confianza rápido.

Una mañana Saúl se despertó más temprano que el resto y se sentó en el mismo sillón del patio que yo aquel día, yo podía observarlo desde adentro del hogar. Saúl se levanto y fue directo al ventanal del galpón, en cuestión de un minuto lo veo tomándose la cabeza, sin poder creer lo que estaba viendo. Al momento de intentar abrir la puerta para reencontrarse con sus recuerdos, todos los integrantes de la casa comenzaron a golpearlo, hasta que Saúl se durmió y lo llevaron a su habitación. Al otro día Saúl no pregunto nada sobre lo sucedido, porque todos nos encontramos de vez en cuando con nuestro pasado y casi nunca queremos compartirlo.

El otro de los mellizos que quedaba desapareció y llego una nueva integrante a la casa, Karen, de esta manera yo pase a ser el integrante numero 8 y como octavo integrante debería ser participe de la golpiza a Karen, el día que se levante mas temprano que todos y vea su pasado a través del ventanal.

El tiempo es un termino que utilizamos para ponerle limites
a nuestros sueños. El pasado es cómplice de esa gran excusa.
Así fue llenándose la casa con nuevos integrantes y yo iba pasando de posición en posición hasta llegar a ser el numero uno. Luego del ultimo acto salvaje, me sacaron de la casa, jamás me dieron el resultado de mis actitudes, solo pude entender con el paso de los años que el ser humano tiene actos que ni siquiera comprende cual es la causa, aun sabiendo muy bien cuales son las consecuencias.



Dedicado a todos los que alguna vez se han quedado encerrados adentro del galpón, esperando que le vengan a abrir la puerta. 

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