Tengo todo lo que quiero, pero no lo que necesito, por lo tanto lo que quiero forma parte del decorado. Es insaciable el deseo pero no así el sacrificio, por lo tanto el deseo forma parte de un trofeo mal ganado. De inagotables prejuicios se mueven los labios de la humanidad, de mí, de vos, de ellos y de todos los verbos conjugados.
Tienen lo que quieren, pero no lo que necesitan, por lo tanto justifican a su soledad con abultadas compañías que desconocen, que desconocemos y que ellos mismos desconocerán. Es injustificada su derrota, sin embargo la emparejan con excusas y te imaginan una realidad, la de ellos, la de nosotros y la de todos los que se preocupan en conjugar verbos.
Ya no lloran del dolor, ríen con dolor y le entregan la confianza al tiempo con promesas sin fondos, como un cuento sin leer o una canción sin escuchar. De innumerables prejuicios se mueven los labios de la humanidad, de mí, de vos, de ellos y de todos los que buscan verbos para conjugar.
Tengo todo lo que quiero y probablemente no me alcance para comprar lo que necesito, porque el decorado es hermoso y el escenario me exige continuar.
De ayer, de hoy y de mañana hablaremos mas tarde, porque me interesa mas enseñarle a mis labios hablar, que esconder a mis oídos de tus verbos conjugados.
Para dos labios bien hablados, no existen dos oídos mal escuchados.
[No hay mejor amante para dos labios sinceros, que un par de oídos sordos que están aprendiendo a escuchar]
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