Con el amor de licencia y un par de bares anotados arranque el viaje. Fui en busca de lo que nunca busque y encontré lo que jamás imagine que iba a terminar buscando, así de complicada fue la historia que por suerte no intente titularizar. Confiado en que el final nunca iba a llegar, me encontré con pocas paginas, un punto y aparte eterno, sin mas renglones.
Suenan guitarras por cada esquina, un rock and roll nacional que llena el alma y mueve este cuerpo que ya dolía por la carencia de emociones. Recuerdos que prometieron no hablar, solo recordaran cual es mi lugar si algún día la mente me juega una mala jugada.
Existe un momento, un par de minutos antes de que salga el sol, donde la soledad sale a bailar, es el momento que buscaba y corriendo por el bosque que escribimos juntos, voy cantando bien fuerte el rock and roll nacional que llena mi alma, no lloro por dolor, lloro por amor, por aquel amor que ya fue.
Jamás quise encontrar ese momento, nunca lo hubiese imaginado, pero ya es parte del árbol genealógico. Nuevos cuerpos nacen y con ellos nuevas historias, el sol va reinando el amanecer y es el principio de una nueva claridad. No basta una pobre introducción, porque me gustan más los principios que los finales. Cuando se vaya el amor, vamos a llorar, pero nunca por dolor, porque jamás fue el dolor el que nos hizo reír.
Fui en busca de soledad y me encontré con la calidez de un cuerpo en movimiento, un reflejo hermoso y real, atrevido y aventurero que supo cambiar mi rumbo, ese que nunca busque, pero encontré.
Las historias, como los cuentos, nunca van a ser editados, porque se escribieron con ese amor que nos hizo reír y llorar. Finalmente es verdad que las historias terminan y yo que pensaba que el final era una utopia, acá vamos de nuevo, porque mientras estemos en movimiento, todos podrán tener la oportunidad de empezar nuevos cuentos, después de llorar tanto tiempo por amor.
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