lunes, 1 de octubre de 2012

Cambio otoño por primavera.


Primer día de Octubre, me han cambiado mi primavera por un otoño hispano. Los ruidos comienzan a disminuir y el rincón soñado comienza a poblarse, ya no estoy más solo con mi sombra.
Las dimensiones de una ciudad grande como Barcelona, no son infinitas y a la vez encierran varias historias, personas que cada una lleva un cuento, de esos que estamos dispuesto a contar cuando llegue el momento.

Por las puertas del corte ingles de María Cristina lo conocí, yo andaba con el morral marrón de ella, revisando los curriculum que me quedaban por repartir. El aroma mezclado entre un perfume francés elegante y un alemán característico de la zona, llenan el área de un aire fresco y rico.
Él me pidio cerillas o mechero, le dije que no fumaba, a lo que contesto ¡Yo no tengo la culpa! No pude evitar la mueca, a lo que le afirme que no tenía fuego.
Diego era un flaco con nivel, vestía bien, de negro, con camisa y zapatos. Al principio dude en preguntarle si laburaba en el Corte, pero no dije nada.
_Sois argentino, me pregunta, pero con signos de admiración. Me caen bien los argentinos, lo que no puedo creer, es que lugar donde vayas, hay uno. El día que decidan volver todos juntos, creo que no entran en el país.
El tipo era bien español, extrovertido, no paraba de hablar ni un segundo y eso que todavía ni siquiera me había dicho su nombre. Se notaba que le sobraba el tiempo y si en Barcelona te sobra el tiempo, es porque estas en Paro o para que se entienda mejor, estas sin laburo.
_ Soy Diego, tu cómo te llamas?
_Al fin una pregunta, pensé en voz alta, porque si no parece un monologo esto, Javier me llamo.
Consiguió fuego, de uno de los tantos bolsillos que tenía el saco, se sentó al lado mío y no habrá tardado más de dos minutos en armar el cigarro de tabaco con el filtro, todo un proceso que los fumadores del viejo continente lo empiezan a disfrutar desde el primer momento que sacan la hierba de la bolsa. Pita, larga el humo y continúa.
_Bueno y que haces por aquí? De vacaciones? El español no puede pasar por un momento de una conversación en silencio, no saben disfrutar de esa pausa, ellos necesitan sentir su voz para poder comunicarse. Cada nacionalidad tiene sus complementos comunicativos, como el italiano necesita de sus manos para comunicarse, el español necesita del sonido, permanentemente.
_ En realidad llevo vida de turista, es verdad, pero no soy un turista mas en Barcelona, mas bien soy un desocupado que ni siquiera cobra el paro. Hace un mes y medio que ando por aquí y de lo único que laburo, es de repartir esto (Le muestro mis curriculums)
_Ostia, no me digas que has venido a España para buscar curro, porque lamento decirte chaval que las cosas no están nada bien. Contestó con la réplica española, como si en verdad le molestara que un sudamericano llegue aquí a buscar oportunidades en la situación que está su país, por lo menos, es lo que dejan entrever  con la mirada.
_Si, que ya lo tengo claro. La crisis, el mundo que parece irse a la mierda y aquí, en la puerta del corte ingles, un argentino haciéndole el aguante a un catalán, con exageradas necesidades de hablar con alguien.
_ Es verdad tío, las cosas no están bien.
_ ¿En España o en tu vida? Le pregunto asimilando que ya entramos en confianza.
_Las crisis van de la mano. Soy un catalán adoptado, en realidad nací en Perú y todo esto que ves, es una puta mierda. Hace varios años que llegue, antes no era nada…
_ ¿y ahora?
_ Ahora creo que tampoco, el andar arruino un poco mi camino y los objetivos fueron cambiando los destinos, hay que ser rápido de aquí para que esta ciudad no te coma vivo, viste. Concluyo con el dedo índice en la sien.

Habían pasado ya treinta minutos desde el momento que me pregunto si tenía cerilla o mechero, el tipo sentado, sin importarle el horario… no pude evitarlo y se lo pregunte. ¿No estás laburando Diego?
_No, en realidad sí, pero no cumplo horarios viste. Tengo una discoteca grande y bueno, cuanto más grande es, más responsabilidades, pero en fin, la crisis también llego un día para divertirse y se quedo en la barra, no se quiere ir. Lo cuenta como una anécdota y se empieza a reír. Es evidente que vive en un mundo irreal, que todo lo que lo rodea no tiene nada que ver con ese pibe que vino desde Perú.
_Yo llegue a Barna cuando tenía veinte años, hace diecisiete años ya. Quería fiesta, conocer mujeres guapas, dormir de día y andar de noche ¿sabes? todo lo que un chaval no puede hacer en el pueblo donde vivía antes. Al principio fue jodido ¿sábes? Había mucho curro, pero los que llegábamos sin papeles, la teníamos complicado, pero en fin, curraba para gastar la pasta de noche. Uno de mis últimos curros fueron en mi discoteca, comencé de ayudante de barman, después de barman, promotor y bueno, así fui creciendo en el mercado nocturno.

Debo reconocer, que la palabra creciendo no me pareció la correcta, Diego se encargo de hacérmelo saber al bajar la mirada, algo no había andado bien.
_ A ver si entiendo. Llegaste para vivir la vida, lo que implicaba para vos conocer gente y vivir de noche, laburaste en uno de las discotecas más populares de la ciudad, hoy sos uno de los dueños de esa discoteca, no me cierra la parte de la crisis emocional.
_ En Barna se vive con esto, me contesto señalándose la sien nuevamente. Perdí principios, que hoy a los treinta y siete no los vuelvo a incorporar. Perdí mi esencia chaval y eso es lo primero que debes cuidar cuando entras a jugar en este juego, con piezas ajenas.
Termino el cigarro gordo que se había armado, se levanto del banco, me dio la mano y su tarjeta.
 _Pasa por la discoteca mañana a la cinco de la tarde, déjale el curriculum a Víctor así te toman una prueba, si quieres laburar, con nosotros basta la actitud y las ganas, el resto viene solo.

Así fue como me cruce con Diego. Esa fue la única vez que lo vi, nunca fui a su castillo de naipes a hablar con Víctor, porque en barna se sobrevive con esto.
El día que sea yo el de traje que se siente a hablar con un chaval recién llegado, lo haré con la esencia de siempre, esa que me permite aun hoy, ir por el mundo sin reprocharme nada.

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