Primer día de Octubre, me han cambiado mi primavera por un
otoño hispano. Los ruidos comienzan a disminuir y el rincón soñado comienza a
poblarse, ya no estoy más solo con mi sombra.
Las dimensiones de una ciudad grande como Barcelona, no son
infinitas y a la vez encierran varias historias, personas que cada una lleva un
cuento, de esos que estamos dispuesto a contar cuando llegue el momento.
Por las puertas del corte ingles de María Cristina lo conocí,
yo andaba con el morral marrón de ella, revisando los curriculum que me
quedaban por repartir. El aroma mezclado entre un perfume francés elegante y un
alemán característico de la zona, llenan el área de un aire fresco y rico.
Él me pidio cerillas o mechero, le dije que no fumaba, a lo
que contesto ¡Yo no tengo la culpa! No pude evitar la mueca, a lo que le afirme
que no tenía fuego.
Diego era un flaco con nivel, vestía bien, de negro, con
camisa y zapatos. Al principio dude en preguntarle si laburaba en el Corte,
pero no dije nada.
_Sois argentino, me pregunta, pero con signos de admiración.
Me caen bien los argentinos, lo que no puedo creer, es que lugar donde vayas,
hay uno. El día que decidan volver todos juntos, creo que no entran en el país.
El tipo era bien español, extrovertido, no paraba de hablar
ni un segundo y eso que todavía ni siquiera me había dicho su nombre. Se notaba
que le sobraba el tiempo y si en Barcelona te sobra el tiempo, es porque estas
en Paro o para que se entienda mejor, estas sin laburo.
_ Soy Diego, tu cómo te llamas?
_Al fin una pregunta, pensé en voz alta, porque si no parece
un monologo esto, Javier me llamo.
Consiguió fuego, de uno de los tantos bolsillos que tenía el
saco, se sentó al lado mío y no habrá tardado más de dos minutos en armar el
cigarro de tabaco con el filtro, todo un proceso que los fumadores del viejo
continente lo empiezan a disfrutar desde el primer momento que sacan la hierba
de la bolsa. Pita, larga el humo y continúa.
_Bueno y que haces por aquí? De vacaciones? El español no
puede pasar por un momento de una conversación en silencio, no saben disfrutar
de esa pausa, ellos necesitan sentir su voz para poder comunicarse. Cada nacionalidad
tiene sus complementos comunicativos, como el italiano necesita de sus manos
para comunicarse, el español necesita del sonido, permanentemente.
_ En realidad llevo vida de turista, es verdad, pero no soy
un turista mas en Barcelona, mas bien soy un desocupado que ni siquiera cobra
el paro. Hace un mes y medio que ando por aquí y de lo único que laburo, es de
repartir esto (Le muestro mis curriculums)
_Ostia, no me digas que has venido a España para buscar
curro, porque lamento decirte chaval que las cosas no están nada bien. Contestó
con la réplica española, como si en verdad le molestara que un sudamericano
llegue aquí a buscar oportunidades en la situación que está su país, por lo
menos, es lo que dejan entrever con la mirada.
_Si, que ya lo tengo claro. La crisis, el mundo que parece
irse a la mierda y aquí, en la puerta del corte ingles, un argentino haciéndole
el aguante a un catalán, con exageradas necesidades de hablar con alguien.
_ Es verdad tío, las cosas no están bien.
_ ¿En España o en tu vida? Le pregunto asimilando que ya
entramos en confianza.
_Las crisis van de la mano. Soy un catalán adoptado, en
realidad nací en Perú y todo esto que ves, es una puta mierda. Hace varios años
que llegue, antes no era nada…
_ ¿y ahora?
_ Ahora creo que tampoco, el andar arruino un poco mi camino
y los objetivos fueron cambiando los destinos, hay que ser rápido de aquí para
que esta ciudad no te coma vivo, viste. Concluyo con el dedo índice en la sien.
Habían pasado ya treinta minutos desde el momento que me
pregunto si tenía cerilla o mechero, el tipo sentado, sin importarle el horario…
no pude evitarlo y se lo pregunte. ¿No estás laburando Diego?
_No, en realidad sí, pero no cumplo horarios viste. Tengo
una discoteca grande y bueno, cuanto más grande es, más responsabilidades, pero
en fin, la crisis también llego un día para divertirse y se quedo en la barra,
no se quiere ir. Lo cuenta como una anécdota y se empieza a reír. Es evidente
que vive en un mundo irreal, que todo lo que lo rodea no tiene nada que ver con
ese pibe que vino desde Perú.
_Yo llegue a Barna cuando tenía veinte años, hace diecisiete
años ya. Quería fiesta, conocer mujeres guapas, dormir de día y andar de noche ¿sabes?
todo lo que un chaval no puede hacer en el pueblo donde vivía antes. Al
principio fue jodido ¿sábes? Había mucho curro, pero los que llegábamos sin papeles,
la teníamos complicado, pero en fin, curraba para gastar la pasta de noche. Uno
de mis últimos curros fueron en mi discoteca, comencé de ayudante de barman, después
de barman, promotor y bueno, así fui creciendo en el mercado nocturno.
Debo reconocer, que la palabra creciendo no me pareció la
correcta, Diego se encargo de hacérmelo saber al bajar la mirada, algo no había
andado bien.
_ A ver si entiendo. Llegaste para vivir la vida, lo que
implicaba para vos conocer gente y vivir de noche, laburaste en uno de las
discotecas más populares de la ciudad, hoy sos uno de los dueños de esa
discoteca, no me cierra la parte de la crisis emocional.
_ En Barna se vive con esto, me contesto señalándose la sien
nuevamente. Perdí principios, que hoy a los treinta y siete no los vuelvo a
incorporar. Perdí mi esencia chaval y eso es lo primero que debes cuidar cuando
entras a jugar en este juego, con piezas ajenas.
Termino el cigarro gordo que se había armado, se levanto del
banco, me dio la mano y su tarjeta.
_Pasa por la
discoteca mañana a la cinco de la tarde, déjale el curriculum a Víctor así te
toman una prueba, si quieres laburar, con nosotros basta la actitud y las
ganas, el resto viene solo.
Así fue como me cruce con Diego. Esa fue la única vez que lo
vi, nunca fui a su castillo de naipes a hablar con Víctor, porque en barna se sobrevive
con esto.
El día que sea yo el
de traje que se siente a hablar con un chaval recién llegado, lo haré con la
esencia de siempre, esa que me permite aun hoy, ir por el mundo sin reprocharme
nada.
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