lunes, 15 de octubre de 2012

A dos calles de Gracia.


454 personas, dos horas y cuarenta y tres minutos, números combinados, datos estadísticos y detrás de todo eso, cuantas esperanzas, desesperación, cuantas historias diferentes que buscan un fin común, como si las consecuencias pasaran factura y esas 454 personas que en poco más de dos horas y media se han apuntado para la solicitud de camarero.

El destino tantas veces es cruel, quizás la parte que mas coquetea con las emociones, es la parte de incertidumbre que lleva. Esta vez era yo el que estaba del otro lado del teléfono. Era yo quien llamaba a seis personas seleccionadas de las cuatrocientas y pico, para que se presenten a una entrevista de trabajo que mi jefe iba a realizar.

Paseo de Gracia parece burlarse de ese chaval que supo andar en zapatillas y bermudas, libro, mochila y mate para recorrer, ni bien llegue, a la linda Barcelona. Hoy me ven vestido todo de negro, camisa, cinto y buen humor, todo el coktel que llevan las personas empleadas de este país.

Los días son distintos, las responsabilidades y compromisos han despertado en mi estadía, el maldito reloj es quien vuelve a marcar mis tiempos, todo se comienza a estabilizar, pero el rumbo no ha cambiado y el camino recién empieza. Un novato nunca debe fiarse de las causas, porque pueden cambiarnos las consecuencias y entonces el destino no será el mismo.

454, es simplemente un numero mas que marcará un porcentaje estadístico. A dos calles de Paseo Gracia, voy relatando esta historia que se va desarrollando en Carrer de la Disputació.

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