martes, 22 de enero de 2013

El diario. Introducción.


Es importante separar dos términos que en el desorden social se confunden o se interpretan como sinónimos. No es lo mismo viajar que el viaje en sí. El andar del viajero hace al viaje, pero eso no es viajar, eso es andar en el viaje.
El viajero no arranca el viaje cuando el medio de transporte comienza el movimiento, el viajero lo arranca antes, cuando lo imagina, cuando lo piensa y cuando no deja nada organizado. Si bien es un poco irresponsable calificar y etiquetar los momentos, yo puedo asegurar que mi viaje arranco mucho antes de lo que imagine y que el viaje, en su dimensión, no tiene nada que ver con kilómetros o con lugares, sino mas bien, con los escenarios, con personajes, que uno va conociendo y viviendo.
El viajero tiene su esencia, nadie, ni nada, es igual a otro par, no existe, pero si hay nodos, unidos por aristas de distintos colores, que pueden, en algún tiempo exacto, unirse. De eso se trata la búsqueda nula, que emprende el que se va de viaje.
La raíz de nuestros pies dinámicos, tienen la profundidad necesaria para no caer o para levantarse todas las veces que sea necesario. Uno elige su forma de vida, aunque no siempre llega en el momento que lo estuvo esperando. La espera del bienestar muchas veces depende del tiempo y otras tantas de la conspiración de nuestro entorno, para tener claro que es lo que queremos emprender. Yo creo en la energía, en lo que no se deja ver, en lo visible sin forma física, pero que conspira para guiar. Creo en eso que han escrito religiones antiguas, todo lo que tenga que ver con la señal, creo en el destino.
Dicen que el mundo habla un lenguaje universal, que cualquiera es capaz de entenderlo, aunque no es fácil. Se dice que cada uno vive su historia, cada uno entra en ese mundo de aristas y nodos y comienza a decidir, sin elegir tu propia aventura, sino dejando que ella misma se encargue de llevarte hacia tu destino.

El viaje puede ser la respuesta a muchas preguntas, no solo la respuesta de una única. El viajero sin moverse puede empezar su andar, sin hablar puede relatar su historia, sin mirar puede imaginar, porque todos tenemos un viaje y el día que ese viaje pensemos que ha terminado, será el momento en que nada podrá motivarnos.

La depresión de una persona, es generada por la falta de motivación, cuando no existe una motivación para alcanzar algo dentro tuyo, te entregas y lentamente terminará tu historia, aun queriendo escribir puntos suspensivos, el final será inminente.

El viaje me enseño, entre muchas cosas, la diferencia entre lo que es viajar y lo que es andar en el viaje. Me refiero a movimientos, a decisiones, a  todo lo que se siente, se toca y se ve en el camino. Personajes primarios, secundarios, espacios que decido escribir, para poder compartir, el diario de un corazón de viaje.

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