Cuando uno acumula sensaciones y luego se sienta a escribirlas, le resulta mas difícil. Pareciera una excusa, pero puedo justificar mi ausencia en los textos los últimos días con los sitios en donde he caminado. Me encuentro en el sitio probablemente mas frío que he estado, sin dudas debe serlo, aunque el frío no sea gráfico, genera una visualización imaginada en Munich.
Cinco noches en una ciudad ya de por si misteriosa, exótica, con una cultura y un arte que ofrece la identidad propia de su historia. Munich tiene eso, en cada esquina te recuerda que por su calles cruzaron las mejores historias de cuentos, de esos cuentos que a uno le leen de chico, cuando no se puede dormir. Castillos de reyes que del otro lado del mundo simplemente imaginaban, como una fantasía.
Nieve, grados bajo cero, húmedo viento que penetra y raja los poros de la piel en la cara, ya que la protección total del cuerpo sera llevada por un abrigo grueso. El frío se siente en cada rincón, como se siente el ruido a botas fuertes que golpean en el empedrado, diseñado en otros siglos.
La fuerza con la que te mira cada monumento, cada escultura, acá pasaron historias importantes que han cambiado al mundo, eso te hace sentir Munich en cada farola encendida.
Los nombres son difíciles de recordar, a veces son importantes y otras tantas se desean olvidar.
El espíritu de Munich dicen que es el espíritu que el aleman nunca quiere recordar, que le vergüenza, como cuando uno sale de su molde, rompe los acuerdos con su persona y se deja llevar por los impulsos mal dados y comete aquel acto inútil, al que toda su vida le bastara para arrepentirse. Pero Munich no es solo Hitler, no son solamente los 12 años del partido nacionalista, tiene mucha mas historia como para ocuparse solamente de ver el horror o lo poco que ha quedado de aquel acto inhumano, llevado a cavo al ritmo del ruido fuerte de las botas, por que se conservan arquitecturas de la época nacionalista, campos de concentración intactos, caminos, ruinas... Pero no asi la ideología, esa idea que fue sepultada y arrancada de raíz en lo ancho y largo de este país.
Munich lo tiene, lo muestra y lo mejor de todo, lo comparte. Tu puedes llevarlo contigo todo el tiempo, si se siente al cruzar cada avenidas. Su arquitectura antigua, respetada y admirada, te brinda una enseñanza única, el orden de su andar, desde el despertar, hasta la puesta del sol, todo sigue un orden y nadie se atreve a desobedecer las reglas, porque son muy claras y fáciles de cumplir.
La historia que todos quieren saber y nadie quiere contar.
Resulta difícil comentar, escribir o anotar un punto de vista sobre la visita al campo de concentración de Dachau, mas que nada porque el punto en común, en general, es el que compartimos todos.
El recorrido comenzó en la plaza de MariePlatz, un espacio histórico y rico en historia del centro de Munich. Frente al nuevo ayuntamiento, ahí, nos esperaba Yanina, la guía del tour. Yanina es argentina y para que puedan seguir el tour desde la lectura, les aviso que Yanina es mas bien baja, rubia y muy simpática. Nació en Mar del Plata, vivió de los últimos 9 años, Tres en Málaga, España, cinco en Granada y desde el ultimo año esta instalada en Munich.
Desde la plaza nos trasladamos, Yanina, yo y diez españoles mas, con el metro, desde MariePlatz a otra estación, donde ibamos a tomar el Bus para llegar al campo de concentración.
Es importante resaltar la ciudad que se encuentra debajo de Munich, pero que no esta enterrada, es la ciudad del subterráneo. Realmente simboliza el movimiento cotidiano de sus ciudadanos y turistas, enormemente impactante y con estaciones y trenes propios del primer mundo, no obstante, la gente pertenece a esa era contemporánea, no forman parte del decorado, sino que ellos son los que forman literalmente el orden de la ciudad.
La llegada a Dachau fue cargada de incertidumbre, como cuando uno va a conocer eso que ha visto en películas, que ha leído en libros, que ha escuchado de las peores historias, asi fue la llegada, un manojo de preguntas que todos teniamos y que muchas, por respeto, no se podían preguntar.
Yanina comienza la historia que todos habiamos escuchado o leído, desde afuera parecía un edificio normal, con una entrada larga, rodeado de mucho verde, árboles de diferentes colores, un paisaje realmente hermoso, con un color único en cada tipo de árbol, que se encargaba de desviar la mirada o que descuidaba por momentos a las alambres de pua enrrolladas q se veían en los alambrados.
Primero entramos al edificio central, donde todos los prisioneros iban a dejar sus pertenencias y a comenzar a entender los sucesos, luego ya comentábamos a pertenecer a las hojas de todos los libros que se han escrito del partido nacionalista aleman.
No voy a poder resumir todos los impactos generados y en verdad ni siquiera me interesa redactarlo en este relato, cada uno de los que ibamos caminando detrás de Yanina, tendríamos nuestras propias impresiones, nuestros propios pensamientos y cada uno estaba viajando en la historia, por diferentes rincones.
La guía termina, todos vamos hacia el tren, nos sentamos, a la espera de los cuarenta minutos que nos separan de Hauptbahnhof, la estación central.
El reflejo empañado en la ventanilla del tren dejaba visualizar que la noche habia llegado y era demasiado temprano, todavia quedaba un cuarto de día para que terminase el 18 de Noviembre.
Es inevitable no perderse entre tantos pensamientos, nadie hablaba, aunque si nos mirabamos entre todos. No faltaba opinar, creo que todo se habia dicho en apenas tres horas andando por sitios donde literalmente habian torturado, asesinado y cremado a personas como vos, como yo, como cualquiera que este al lado tuyo en este momento.
Llegamos a la ciudad, midiendo zapatillas en cada empedrado recorrido, con las manos bien adentro de los bolsillo, todo cubierto, como metido en un disfraz. La gente va y viene, se detiene para dejar pasar, siguen andando y todos los dias vuelven a empezar, como volvieron a empezar después de reiteradas invasiones en el siglo XIX, o como supieron levantarse todos los días después de perder las dos guerras mas masivas del sigo XX.
Munich lo tiene todo, como una universidad que te muestra lo que puedes encontrarte afuera, en el mundo, en el verdadero y real primer mundo.
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